Cantan las máquinas su oda y trabajan... con su hierro soberbio como infectada espina al cielo en su nervio mortalmente hiere y cuaja
Cantan las ciudades, coros de fábricas y autos, retumbando entre el cemento en los rincones más oscuros. Sus ponzoñosas vanidades en un gesto infausto invaden el aire puro como un triste lamento.
Mientras todo allí muere y las gentes buscan huir, no solo al aire mortelmente hieren ellos mismos empiezan a sucumbir, cayendo por el mismo abismo que ellos supieron construir.
Hoy una vez más
ResponderEliminarCantan las máquinas
su oda y trabajan...
con su hierro soberbio
como infectada espina
al cielo en su nervio
mortalmente hiere y cuaja
Cantan las ciudades,
coros de fábricas y autos,
retumbando entre el cemento
en los rincones más oscuros.
Sus ponzoñosas vanidades
en un gesto infausto
invaden el aire puro
como un triste lamento.
Mientras todo allí muere
y las gentes buscan huir,
no solo al aire mortelmente hieren
ellos mismos empiezan a sucumbir,
cayendo por el mismo abismo
que ellos supieron construir.
Adriano Yannelli (1973)