miércoles, 31 de marzo de 2010

Ande

1 comentario:

  1. Su sombra se extiende mas allá de los trigales,
    preciado oro al sol en el verano de sur,
    y su voz resuena haciendo eco en sus quebradas,
    en un mustio dueto con sus intrincados arroyos.

    Su alma pura se hace infinita hacia las tardes
    mientras en sus entrañas palpita otro nuevo amanecer
    de romper la noche en mil colores de otoño
    enaltecidos con el gélido sudor de los glaciares.

    Su firme pulso alcanza las vides de los valles
    en una ofrenda a Dios con el vino de su amor,
    agridulce sabor del trabajo y los años
    que agrietan las manos y la tierra de sus hombres.

    El cóndor posa sus grandiosos sueños de vida,
    donde crece el amor puro en la piedra vacía
    en la fecunda fe de los helados amaneceres.
    Dios rodó por esos arroyos y se fundió en tu nieve
    legándote la grandeza y la imponencia de gigante
    ante el sordo diálogo de la pampa y el río.

    En tus escondidos rincones y susurrantes vegas,
    en tus sueños de roca viva y anhelos de hielo,
    en los siglos que forjaron tu pétrea calma...
    tus valles se abren al cielo en plegaria
    con ígneas manos entendidas al infinito cielo
    en un grandioso abrazo para alcanzar a Dios.

    Adriano Yannelli - 1994

    ResponderEliminar